Necesidad de la Práctica

Aunque prestar atención es una cualidad inherente del ser humano, es algo que solemos ejercitar con poca frecuencia dado que no suele ser habitual que nuestra mente se encuentre en el estado de serenidad preciso para simplemente observar, sino que más bien está inmersa en un continuo diálogo consigo misma que se caracteriza porque unos pensamientos se suceden a otros ininterrumpidamente de forma inconexa, sin orden ni concierto aparente o dando vueltas sobre sí mismos enredado en sus preocupaciones o repasando recuerdos del pasado y anticipando lo que puede ocurrir en el futuro.

 

Lejos de resolver problemas este tipo de pensamientos, además de alejarnos de la percepción de nuestra realidad presente, crean una agitación mental que puede llegar a provocar diversas patologías psicológicas, cómo el estrés o la ansiedad e incluso acabar provocando alteraciones físicas. Así mismo, cuando la capacidad de prestar atención es baja pueden darse situaciones que comprometen seriamente el rendimiento de las funciones ejecutivas de nuestro cerebro originando dificultades de memoria, lentitud en el procesamiento de la información, problemas de organización, pérdidas de tiempo, toma de decisiones lenta o desacertada, percepción de la realidad sesgada y errónea, etc.

 

Con frecuencia, en mayor o menor medida, suele ser necesario calmar la mente y potenciar la atención plena para poder observar con claridad cómo se desarrolla la experiencia en el momento presente y así ser consciente de lo que acontece en cada momento, al tiempo que se favorece el bienestar físico y mental.