BAÑOS DE BOSQUE

¿Hasta qué punto somos conscientes de que nuestra supervivencia depende nuestra conexión con la naturaleza?

En su obra “Walden, o la vida en los bosques”, el filósofo y naturalista Henri David Thoreau afirmaba:

 “Fui a los bosques porque quería vivir con conocimiento de causa, para enfrentarme solamente a los hechos fundamentales de la vida, y ver si podía vivir aprendiendo lo que tenían que enseñarme, y no descubrir, en el momento de mi muerte, que no había vivido”.  

 

Desde siempre se ha sabido que pasear por el bosque sienta bien. Estamos biológicamente programados para buscar la conexión con la naturaleza y, cuando la alcanzamos, se incrementa nuestra sensación de bienestar.

A mediados de los años setenta del siglo pasado, el psicoanalista social y filósofo Erich Seligmann Fromm acuño el término biofilia, que significa amor a la vida. Posteriormente, el biólogo Eduard O. Wilson en 1984 desarrolló la hipótesis de que la biofilia es la conexión que mantenemos con la naturaleza, la necesidad de estar en contacto con el resto de los seres vivos. 

Hace mucho tiempo que los médicos de distintas tradiciones abogan por la exposición a la naturaleza cómo herramienta terapéutica y en las últimas décadas las investigaciones científicas han podido constatar el efecto que el contacto con la naturaleza ejerce en nuestro cerebro y en nuestra fisiología.

La afirmación de Thoreau de que la naturaleza es un tónico calmante y un impulsor de la creatividad, un lugar donde “mis nervios recuperan el equilibrio y mis sentidos y mi mente desempeñan su función”, hoy día puede demostrarse científicamente.

Nuestro cerebro reacciona positivamente al contacto con la naturaleza, por ejemplo calmando la actividad de la amígdala, una zona encargada de detectar potenciales peligros que está excesivamente activada en situaciones de estrés crónico, y generando una respuesta fisiológica que disminuye las hormonas del estrés y potencia hormonas del bienestar como la serotonina. (Roger S. Ulrich. “Stress recovery during exposure to natural and urban environments”. Journal of environmental psichology 1991)

 

Los Baños de Bosque responden a esta necesidad del ser humano de mantener contacto con la naturaleza. El término fue acuñado por Tomohide Akiyama, director de la Agencia Forestal de Japón  en 1982 y consiste en sumergirse en el bosque captando su atmósfera con todos los sentidos. En el bosque se inhalan substancias volátiles como terpenos y fintocidas que son enormemente beneficiosas para la salud    

Posteriormente se han realizado múltiples investigaciones en las que se ha confirmado que pasear un tiempo en un entorno forestal puede reducir el estrés y otros estados emocionales alterados favoreciendo, así mismo, la sensación de vitalidad y la mejora de la calidad del sueño. 

Los cambios fisiológicos en las personas que pasean por el bosque observados en los estudios realizados por los investigadores del Centro de Salud Medioambiental de la universidad de Chiva en diferentes bosques de Japón son: 

  • Descenso del nivel de cortisol en sangre, lo que favorece la desaparición de síntomas del estrés.

  • Normalización de la tensión arterial y las pulsaciones. 

  • Fortalecimiento del sistema inmunitario.

  • Regulación del sueño.

  • Disminución de síntomas asociados a la ansiedad.

 

CURSO DE MINDFULNESS EN EL BOSQUE

Los baños de bosque es una actividad que se vale de la naturaleza para mejorar la salud del ser humano.

Al caminar por un bosque estamos más atentos a lo que percibimos a través de los sentidos. Al activar los sentidos en un ambiente rico en oxígeno y sustancias volátiles beneficiosas para la salud, nuestro cuerpo automáticamente comienza a calmarse y relajarse. 

Recordemos que mindfulness consiste en potenciar la capacidad de atención plena en el momento presente y que esto lo ejercitamos mediante la atención a lo que percibimos en nuestro entorno a través de nuestros sentidos y lo que percibimos de nuestro cuerpo y de su posición en el espacio. 

EN LAS CLASES DE MINDFULNESS EN EL BOSQUE VAMOS MÁS ALLÁ DE LOS BENEFICIOS DE CAMINAR EN CONTACTO CON LA NATURALEZA.

 

Aprovechamos las virtudes del entorno natural para potenciar al máximo los beneficios de la práctica de la atención plena. Así, a los beneficios de un baño de bosque se le añaden los derivados de la práctica de minfulness. 

 

DURACIÓN

La duración de las Clases de Mindfulness en el bosque suele oscilar entre 4 y 5 horas. 

 

CÓMO SE DESARROLLA LA CLASE DE MINDFULNESS EN EL BOSQUE

Al llegar al bosque, comenzamos  practicando durante 15-20 minutos unos ejercicios con atención plena de preparación para la marcha. Consisten en una combinación de estiramientos, yoga, feldenkrais y chikung. A continuación, nos adentramos más en el bosque.

Durante el “paseo” por el bosque se alterna el ejercicio aeróbico con paradas para efectuar los ejercicios y meditaciones que se incluyen en la clase de mindfulness.